fanfic_name = La vida en un segundo

author = dana_x

Rating = emily_corner

Type = Angst

fanfic = Siento tu mano rozando mi mejilla, suavemente, y sonrío. Hace mucho tiempo que no te sentía así, que no estabas tan cerca, a mi lado, protegiéndome.

 

Ha pasado mucho tiempo, desde el día en que nos declaramos nuestro amor, desde el día en que dejamos atrás nuestros miedos, y empezamos a vivir de verdad. Mi mente vuela lejos, hasta ese día. Recuerdo todo lo que sentí, todo lo que me hiciste sentir con aquel abrazo a primera hora de la mañana, porque era invierno y llegué aterecida a la oficina. Y después, cuando me dejaste en casa por la noche, y me besaste sin ninguna razón aparente. Así, de repente, como si algo te impulsara a hacerlo. Al separarnos, sonreíste. Yo respondí de la misma forma, y te volví a besar. Con esos besos expresamos lo que llevábamos tanto tiempo escondiendo.

 

Esa noche, y muchas más, nos entregamos a la pasión que tanto tiempo habíamos esperado compartir. Me regalaste un millón de sonrisas, y a partir de ese día, me convertí en una privilegiada al recibir en cada momento tus sonrisas. Con cada beso, con cada caricia, me repetías que me querías, y yo me sentí feliz. Feliz porque por fin habíamos dado el paso, porque por fin nos olvidábamos del resto del mundo y éramos dos. Tú y yo. Sin nada que esconder y con mucho que compartir. Me entregué a ti en cuerpo y alma, y sé que tú hiciste lo mismo. Siempre te costó expresar lo que sentías, pero esa noche, lo hiciste conmigo.

 

Desde ese día, todo cambió. Un leve roce, una mirada, hacían saltar chispas entre ambos. Sólo fue cuestión de no dejarse llevar en los momentos inoportunos, pero en cuanto estábamos solos, dábamos rienda suelta a nuestra pasión. Tanto tiempo guardando nuestros sentimientos, que no queríamos perder más el tiempo. No puedo evitar preguntarme si no fue demasiado tarde.

 

Es increíble como cambiaste. Pasaste de ser un hombre serio y triste, a un hombre alegre y feliz. Me alegra pensar que he sido yo la causante de ese cambio. Todos se dieron cuenta, y aunque no conocían nuestro pequeño secreto, me atrevo a decir que era por todos sabido.

 

Las cosas cotidianas se convirtieron en algo compartido, y los pequeños momentos los disfrutábamos como si fuera el último. Siempre disfruté de tu manera de despertarme, siempre con un beso en los labios y el roce de tu nariz por mi cuello; o ese gesto que hacías cuando me animaba con mis teorías y tú pensabas que estaba loca. Incluso conseguí que te gustaran los aceites esenciales y el incienso.

 

Toda mi vida eres tú, John, siempre deseé estar junto a ti, compartir mi vida contigo, estar a tu lado en los mejores y peores momentos, y ser feliz juntos el resto de nuestra vida. Cuando te conocí, supe que por fin había encontrado al hombre de mi vida. Ese hombre con el que te sientes completa, con el que compartes hasta el más mínimo detalle y con el que sabes que no podrás ocultarle nada. Ese hombre eres tú, John, y nunca me arrepentiré de todo lo que hemos vivido juntos.

 

Nunca piensas que tu vida perfecta pueda cambiar, que todo se trunque en un segundo. Pero no siempre las cosas salen como uno quiere. Mi vida, mi perfecta vida junto a ti, cambió con aquella llamada. Era un día de lluvia torrencial, y tú te empeñaste en ir a comprar vino para la cena. Casi nunca cenábamos con vino, pero dijiste que era una noche especial, y que irías a comprarlo. Te esperé con la mesa puesta y la cena hecha, pero tú no llegabas. El teléfono me sobresaltó y algo en mi interior se rompió. Sentí que algo había ocurrido, y no pude terminar de escuchar a la persona que me hablaba al otro lado del teléfono. En un segundo, mi vida cambió para siempre.

 

Todas las noches, una tras otra, revivo con dolor nuestra vida juntos. Mis despertares, las risas con el desayuno, los pequeños enfados por pequeñas tonterías, y tu piel sobre la mía. Recuerdo tus besos, tus caricias, tus te quiero y eso me hace más daño todavía. El no poder tenerte, el vivir sola de nuevo, y que no me acompañes en mi caminar.

 

Ahora soy yo la que me he convertido en una mujer seria, y con un punto de tristeza en los ojos. Me cuesta mucho sonreír, ya no lo hago como antes. La última vez que sonreí de verdad, fue aquella noche, John, para ti, aquella noche especial que me dijiste que nunca olvidaría. Tienes razón, nunca la olvido, pero no por el motivo que tú querías, desconocido para mí, sino porque aquella noche, yo morí contigo.

 

Ya no soy la Mónica Reyes que conociste, me he vuelto sombría y gris por la tristeza, y aunque sé que no te gustaría verme así, no lo puedo evitar.

 

Todos los días, al salir del trabajo, haga el tiempo que haga, voy a visitarte. ¡Es tan triste ver escrito tu nombre en esa fría lápida! Es lo único que queda de ti para el resto del mundo, tu nombre.

 

Yo sé que tengo mucho más que el resto, porque sé que estás a mi lado, que aunque no te vea, me proteges y me abrigas con tu calor. Pero es demasiado duro seguir viviendo de recuerdos.

 

Me doy cuenta, una vez más, que no eres tú el que me está acariciando la mejilla, es el recuerdo, la sensación que todavía permanece en mi piel después de las veces que lo has hecho. Lloro con amargura de nuevo, al sentirme sola, al sentir que te has ido dejándome sola, únicamente con tu recuerdo.

 

Hace casi un año, pero yo te echo de menos como el primer día, te quiero como el primer día que te vi, y no te olvidaré nunca, John, porque pase lo que pase, siempre vivirás en mí.

 

FIN

 

 

 

 

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