Nombre del Fanfic: Buscando una salida
Capitulo: II
Autor: Señora del Fantasmal
Dedicado a: A las personas que me dejaron algún comentario, o se dieron un tiempo para leer mis anteriores publicaciones, pero en especial a mi querido amigo Yushi, quien es el único que ha leído mis relatos “ocultos”, y siempre está pendiente de que le de otra historia que leer. Me alegra mucho que seamos amigos. Muchos besos para ti!
Clasificacion: Mission X-Files
Angst / Drama
Fanfic: Buscando una salida II
Autor: Señora del Fantasmal (pipermaru)
Disclaimer: Estos personajes pertenecen a CC y 1013. Nadie, salvo mi mente maligna, sacará provecho de este relato, sólo la satisfacción que recibo torturando a estos personajes, especialmente a uno.
Tipo: Angst, angst, angst.... ¿he dicho ya angst?... O18W (por el contexto del relato), y UST… por el momento. Luego habrá MSR.
Spoilers: Ninguno
Feedbacks: Por favor, mándenme sus opiniones a sra_delfantasmalARROBAhotmail.com
Nota: Esta historia es continuación de “Camino sin salida”. Sé que hubieron muchas personas a las que no les gustó el final que le di a Mulder, por ello decidí escribir una secuela, pero si creyeron que en esta no sufriría tanto, ¡se equivocaron!
* * *
Vuelo 352 con destino a Nueva York
12:35 P.M.
Dana Scully aprovechaba el viaje en avión para leer todo lo concerniente al nuevo caso. Luego de la breve reunión en la oficina de Skinner, con las justas le había alcanzado el tiempo para preparar su maleta y dirigirse al aeropuerto, donde su compañero la esperaba más ansioso de lo normal. Era un buen síntoma que se sintiera así de motivado, significaba que había vuelto casi por completo a ser él mismo. Scully no podía arriesgarse a afirmar que él estaba en un cien por ciento recuperado, porque sabía que en la parte mental aún había mucho por subsanar.
Apenas subieron al avión, él se puso los audífonos para escuchar música, pero no transcurrió más de un cuarto de hora antes de que se quedara dormido, con la cabeza levemente reclinada sobre el hombro de su compañera. Este acto se había convertido en algo cotidiano cada vez que viajaban en un avión, y a ella le alegraba saber que no habían perdido pequeños y preciados detalles como ese.
Después de leer una buena parte del informe, se reafirmó la teoría de que se trataba de ritos satánicos. A esos animales no sólo los habían decapitado, también les habían drenado la sangre por completo y retirado órganos vitales. Incluso a Scully, que tan acostumbrada se encontraba a observar crímenes parecidos en seres humanos, le pareció grotesca la forma de morir de esos pobres animales.
Ella, generalmente, no dejaba de leer un informe por la repulsión que pudiera causarle, pero esta vez tuvo que hacerlo. Estaba aún sensible por lo que le había sucedido a su compañero, y no pudo seguir leyendo.
El tiempo que restaba antes de que aterrizaran lo empleó para descansar. Mulder dormía profundamente a su costado, sin pesadillas que interfirieran con su sueño, por lo que Scully consideró que era un buen momento para tomar una pequeña siesta.
Cuando despertó, ya eran más de la una de la tarde y la aeromoza empezaba a dar las primeras indicaciones antes de que se produjera el aterrizaje. Se puso el cinturón de seguridad, y despertó a Mulder para que hiciera lo mismo.
Diez minutos después el avión comenzó a descender y suavemente tocó tierra.
* * *
Luego de recoger las maletas, rentaron un auto en el mismo aeropuerto, con el que se movilizaron hasta el hotel en el que la secretaria de su jefe, les había alquilado dos habitaciones. Scully apreció el hecho de que tuvieran una puerta de comunicación interna, ya que le permitiría estar más pendiente de su compañero.
El oficial los esperaba en la estación de policías, por lo que sólo tuvieron tiempo para instalarse en sus habitaciones y rápidamente volver a salir.
El oficial era un hombre de edad promedio, cerca a los cincuenta años, probablemente. Tenía poco cabello y bigote. Era más bajo que Mulder y su barriga indicaba que estaba un poco fuera de físico.
- Buenos días. Somos los agentes Mulder y Scully del FBI – se presentó Mulder luego de entrar a su oficina. La expresión del oficial de policía era de nerviosismo y, por la manera en que rápidamente se levantó de su silla, parecía que había estado esperando con muchas ansias la llegada de los agentes, hecho que a ellos les pareció extraño, ya que por lo general, la policía de otros estados no recibía con agrado la participación de los federales en las investigaciones que estaban bajo su jurisdicción.
- Me alegra que hayan llegado tan rápido… - estrechó las manos de Mulder y Scully con un rápido movimiento. - La verdad es que este caso se está saliendo de control. Desde lo sucedido esta la madrugada, la ciudad no es la misma – comentó trágicamente.
- Perdón, pensé que se trataba de un caso de animales mutilados… - intervino Scully con un dejo de confusión.
- Eso es lo que pensábamos nosotros… Pero esta mañana encontramos a una joven asesinada de forma macabra en el mismo sitio donde encontramos los animales – dijo sorprendiendo a Mulder y Scully, quienes cruzaron miradas por un instante.
- ¿Cómo ocurrió? – preguntó Mulder.
- Unos adolescentes que decidieron escaparse del colegio esta mañana caminaban por las cercanías del río, cuando hicieron el terrible descubrimiento – explicó con algo de melodrama, el oficial.
- ¿Y cree que pueda hablar con ellos? – inquirió Mulder.
- Sí, por supuesto. Ellos se encuentran en sus casas en este momento, pero no creo que tenga problema en interrogarlos. - Mulder asintió con la cabeza.
- ¿Ya le hicieron la autopsia al cuerpo de la joven que murió? - preguntó Scully.
- El cuerpo se encuentra intacto en la morgue. Creímos que lo mejor sería que usted lo viera primero -
- Scully, creo que trabajaríamos más rápido si es que yo interrogo a los muchachos que encontraron el cuerpo, mientras tú haces la autopsia. Luego puedo darte el alcance en la morgue – propuso Mulder girándose hacia su compañera. El cuerpo de Scully se puso en tensión y su rostro pasó a un estado de preocupación tan obvio que Mulder lo notó. Incluso el oficial se dio cuenta, pero comprendiendo que era un asunto que sólo les competía a los dos agentes, fingió total desatención. Aunque el deseo de Scully era evitar separarse de su compañero, sabía que no podía evitarlo, por lo que se vio obligada a aceptar que lo sugerido por Mulder era lo más sensato.
* * *
El nombre del adolescente al que Mulder fue a interrogar primero era Peter Newman y tenía dieciséis años. Su amigo, de la misma edad, se llamaba Mark Spencer. Eran amigos desde la infancia, estudiaban juntos en la misma escuela estatal de Albany y, según su historial, no era la primera vez que decidían escaparse de la escuela. La diferencia era que esta vez su escapada había tenido un final siniestro e inesperado: Habían encontrado el cadáver desnudo de una adolescente bajo unas ramas cuando caminaban por el margen del río Hudson. Al comienzo pensaron que sólo estaba inconsciente, pero cuando retiraron la maleza que la cubría y vieron el color verdoso de su piel, la rigidez de su cuerpo y la cantidad de sangre seca sobre ella, salieron corriendo para informar a las autoridades su descubrimiento. Aunque interrogó por separado a los adolescentes, estos brindaron testimonios muy similares y bastante insustanciales.
Ahora Mulder se dirigía a la morgue con muy poca información que darle a su compañera.
* * *
- ¿Cómo vas, Scully? - preguntó Mulder entrando a la sala de autopsias. – Espero que te haya ido mejor que a mí – comentó con sarcasmo.
- ¿Los chicos no te dieron mucha información? – preguntó ella mientras se retiraba los lentes de protección del rostro.
- No, casi nada… Sólo la manera como la encontraron, oculta bajo unas ramas y desnuda.
- Bueno, creo que a mí me ha ido un poco mejor. Acércate para que veas algo – dijo haciéndole un gesto con la mano.
- ¿Tengo que hacerlo? – preguntó Mulder con recelo. Scully hizo una mueca de impaciencia con el rostro y él no tuvo más remedio que acercarse. Se puso a su lado, y ella le señaló un área en el brazo derecho de la víctima.
- ¿Ves esto? – le indicó Scully. Mulder se dobló ligeramente para poder distinguir mejor lo que Scully le señalaba.
- Sí, parece un tipo de sustancia - dijo él, aún agachado. Luego, enderezándose, siguió comentando - Durante los ritos se suelen usar ciertos ungüentos con los cuales embadurnan a sus víctimas. Parece que esta vez no la limpiaron muy bien. Supongo que esto ratifica nuestras sospechas sobre sectas satánicas. ¿Encontraste algo más? –
- Sí… Fue una muerte horrible, Mulder. Esta joven se desangró hasta morir – expresó Scully horrorizada - El vientre le fue abierto con un cuchillo de gran longitud, y tiene numerosos cortes, unos más profundos que otros por todo el cuerpo. Además de eso… - se detuvo y volteó la cabeza en dirección contraria a su compañero al llegar a esta parte de su explicación. No se sentía capaz de exponerle a Mulder el final de su análisis. Lo lastimaría mucho. Pero su lealtad como compañera y su compromiso como agente del gobierno, la obligaban a hacerlo. Mulder había posado una mano sobre su hombro preocupado, presintiendo que había información que le estaba costando revelar. – Mulder, esta chica fue abusada sexualmente – admitió mirando fijamente el rostro de su compañero. Ella estaba preparada para asistirlo si es que se descompensaba, pero su reacción no fue la que esperaba. Antes de que ella pudiera preguntarle si estaba bien, él salió de la habitación. El característico olor a formol de las morgues, que había aprendido a tolerar desde que le asignaron a Scully como compañera, se volvió irrespirable y tuvo que salir. Esperaba que Scully se le uniera en el pasillo, pero ella prefirió quedarse en la sala de autopsias y dejar que se probara a sí mismo que estaba preparado para afrontar este tipo de situaciones, con su propia fortaleza. Intencionalmente, se demoró en limpiar y guardar las herramientas que había utilizado para realizar la autopsia y en introducir el cuerpo al cajón frigorífico donde pertenecía.
Cuando finalmente salió del cuarto de autopsias, su compañero estaba sentado en una butaca en el pasillo, con semblante de agotado. Tenía la cabeza inclinada hacia delante y no se dio cuenta que Scully lo estaba observando hasta que ella se sentó a su costado, colocó una mano sobre una espalda y él dio un respingo.
- Perdón – se excusó ella – ¿Ya estás mejor?
- Creo que sí – susurró él, sin levantar la cabeza.
- ¿Seguro? – insistió ella posando una mano sobre su cabello cariñosamente. Con la cabeza aún inclinada, Mulder volteó para mirarla con una suave sonrisa triste. Esa fue suficiente respuesta para Scully.
- Vas a estar bien. Esto no significa que no puedas seguir con el caso, ¿de acuerdo? – lo confortó, adivinando sus pensamientos. Mulder asintió. - Pero antes, vayamos a un restaurante. Es tarde y aún no hemos almorzado - dijo mientras ambos se levantaban de sus asientos.
- Pero si almorzamos se hará tarde para interrogar a los familiares de la víctima y para visitar el lugar donde la encontraron – protestó Mulder caminando con Scully a su costado. Ya casi estaban en la puerta de salida de la morgue. Scully empezó a negar con la cabeza, antes de contestarle.
- Iremos a almorzar primero, Mulder. Te mandaré al hotel si sigues insistiendo - le advirtió.
- Pero… - empezó a replicar, sin embargo, la mirada amenazante de su compañera lo obligó a detenerse. – Está bien, iremos almorzar. Pero yo manejo – dijo Mulder de forma infantil, haciendo reír a Scully. En el preciso instante en que Mulder se subía al auto por el lado del piloto, apareció el oficial que los había recibido más temprano en su oficina.
- Hola, agentes. Pensé que ya no los encontraba – les dijo acercándose con pasos apresurados.
- Acabo de terminar la autopsia y ya nos íbamos – le aclaró Scully.
- Les importaría decirme lo que encontraron. -
- Claro, pero subamos al auto. Le contaremos en el camino ¿Conoce algún buen restaurante? - preguntó Mulder, mirando al oficial por sobre el techo del auto.
* * *
Saliendo del restaurante, el día aún estaba claro como para realizar una investigación al aire libre, por lo que Mulder le pidió al oficial que los guiara hasta el lugar donde los dos chicos de preparatoria habían hallado el cuerpo de la joven asesinada. Había un cordón amarillo alrededor de la escena del crimen, pero Mulder y Scully no tuvieron problemas para pasar por debajo, luego de enseñar sus credenciales del FBI.
Con los guantes de látex puestos se pusieron de cuclillas para obtener una mejor visión de la porción de tierra que pretendían registrar. Esperaban encontrar la misma sustancia que había en el cuerpo de la adolescente, pero si es que la hubo más temprano, la suave lluvia que caía había borrado el rastro. Seguros de que en el pedazo de tierra que ahora empezaba a hacerse lodo no encontrarían las respuestas que buscaban, se levantaron decepcionados y se acercaron al oficial sacándose los guantes en el camino.
- Usted puso en el reporte que había visto ciertos movimientos extraños en esta ciudad. ¿A qué se refería exactamente? - preguntó Mulder.
- Fue sólo una equivocación de parte de la policía – expresó avergonzado el oficial. – Algunas personas vieron en repetidas ocasiones a un grupo de chicos reunirse en un sitio cerca de acá, lo que en su momento levantó sospechas porque para ese entonces empezaron a aparecer los animales mutilados. Pero cuando los interrogamos, nos dimos cuenta que no eran ellos los culpables. Nos contaron que se reunían para relatar historias de terror, lo que pudimos comprobar al poco tiempo – explicó ante las miradas atónitas de los dos agentes.
- ¿Está seguro que sólo se trataba de eso, oficial? – preguntó Mulder incrédulo.
- Sí, fue algo que pudimos comprobar. Los investigamos durante días sin que se dieran cuenta, y supimos que no mentían – Mulder y Scully asintieron conformes. Lamentablemente, esta información los dejaba sin ninguna pista, pero aún podían recurrir a la declaración de los padres de la chica asesinada. Tal vez podrían sacar algo valioso de su futuro encuentro con ellos.
* * *
A las seis de la tarde, los agentes llegaron la casa de los padres de la finada adolescente. Ambos eran conscientes de que el dolor por la pérdida de su hija era aún demasiado reciente, pero no podían ser prudentes con el tiempo cuando el o los culpables aún no habían sido apresados, y seguramente atacarían de nuevo muy pronto.
Tocaron el timbre de la casa y, tras un rato de espera, un hombre joven en sus cuarenta años, les abrió la puerta. Sin duda era el padre. Su mirada era cansada y el resto de su cuerpo reflejaba lo mismo. Se notaba que no había dormido durante más de veinticuatro horas.
- Buenos días, somos los agentes Mulder y Scully. Trabajamos para el FBI – se presentó Mulder. – Sé que no es un buen momento, pero necesitamos hacerle algunas preguntas – prosiguió con cautela. – Es sobre su hija.
- Más temprano vinieron unos oficiales por la misma razón – dijo el hombre con recelo.
- Lo sabemos señor y, créanos que lamentamos mucho tener que molestarlo, pero necesitamos su declaración – dijo Scully con tono apremiante. El hombre dudó un momento y luego con voz calmada respondió:
- Claro, pasen. Pero mi esposa está dormida, asi que sólo podré recibirlos yo – les informó invitándoles a entrar a su casa.
- Gracias – dijo Scully, mientras el hombre cerraba la puerta. Después, él les indicó unos sillones donde los agentes se sentaron.
- No creo que sea de mucha ayuda. Con mi esposa no pudimos decirles mucho a los oficiales que vinieron en la mañana – les advirtió con pesar sentándose en un sillón frente a los agentes.
- No se preocupe, señor. Cualquier cosa que nos diga será de mucha ayuda – dijo Scully amablemente, con una suave sonrisa.
- ¿Cuándo fue la última vez que vio a su hija, señor Hamilton? – preguntó Mulder.
- Fue hace dos días – recordó el hombre, cerrando los ojos por un instante. – Había una fiesta en la casa de una de sus amigas de preparatoria, y su madre y yo le dimos permiso. Como a cualquier adolescente le gustaba reunirse con sus amigos los fines de semana, y nosotros la dejábamos. Nunca pensamos que esta vez terminaría así – la voz se le cortó y tuvo que detenerse para tomar aire. Cuando volvió a hablar, su voz había recuperado firmeza. - Esa noche no llegó a casa. La llamamos al celular pero sólo respondió la grabadora. A las tres de la madrugada llamamos a la casa de la amiga donde había sido la fiesta, pero nos dijo que ella se había retirado una hora antes.
- ¿Le dijo si de la fiesta se fue acompañada? – intervino nuevamente Mulder.
- Ella salió sola de la fiesta. La casa de su amiga queda a unas pocas cuadras de aquí, lo suficientemente cerca como para venir caminando.
- ¿Sabe si se estaba viendo con alguien? – prosiguió Scully con el tono más discreto que pudo. Mulder escuchaba, mientras tomaba notas de las respuestas que iba dando el hombre.
- No lo creo. Ella era una chica muy sincera con nosotros. Estoy seguro que de haber tenido un enamorado, se lo hubiera dicho a su madre – respondió el señor Hamilton con seguridad. Los agentes permanecieron callados, y él aprovecho ese instante para dejar aflorar toda su frustración. – No entiendo como pudo pasar esto. Se ve por televisión a tantos jóvenes que son secuestrados o asesinados, sin embargo, uno nunca piensa que podría pasarle a alguien cercano, y menos a un hijo – manifestó, con los ojos brillosos por las lágrimas que estaba intentando contener. Scully se sintió conmovida por esas palabras al identificarse con su sufrimiento. Ella también había perdido a seres queridos como su padre y su hermana, y había estado a punto de perder a muchos otros, como su compañero. Pero aquello fue algo que se obligó a no recordar para poder realizar un eficiente interrogatorio.
- Entiendo como se siente, señor. Es por eso que estamos aquí – el tono con el que habló Scully fue cordial, pero sobretodo comprensivo.
- Le agradecería mucho si nos permitiera entrar al cuarto de su hija. Creo que nos podría ayudar con la investigación – solicitó Mulder.
- No sé en que les pueda ayudar – replicó con molestia el señor Hamilton. – Ella no nos escondía nada - les aseveró con un gesto adusto en el rostro.
- No dudamos de que sea así, pero le puedo asegurar que de esa manera hemos resuelto muchos casos – le explicó Mulder con calma.
El hombre estuvo a punto de volver a negarse, cuando entrevió en los agentes una implicación que no era normal. Ellos parecían estar involucrados más que de una manera profesional con el caso de su hija. Lo había notado cuando la agente Scully le dijo que comprendía su dolor. La mayoría de los policías decían esa típica frase por compromiso. Ella, sin embargo, había sido muy sincera, como si hubiera pasado por lo mismo. Por un momento, dejó de pensar en su perdida y pensó en aquella que los agentes llevaban dentro. La mirada del agente Mulder era triste, como si estuviera cargando con un dolor muy grande. Los dos parecían personas honestas y con una real intención de encontrar al asesino, no para sumar otra victoria al impecable record del FBI, sino para hacer justicia a favor de su hija.
- Está bien. Síganme por aquí, por favor. -
- Gracias – dijeron Mulder y Scully al unísono, mientras se paraban. Siguieron al hombre por unas escaleras hasta el segundo piso, y luego caminaron unos cuantos pasos por un pasillo. La habitación de la hija de la familia Hamilton se encontraba a la izquierda, frente a la de sus padres. El hombre abrió la puerta, dejándoles ver un cuarto iluminado por la luz que entraba por la ventana con las persianas corridas y ordenado. La cama estaba hecha y decorada con varios peluches. En las paredes había pegados algunos pósteres de grupos musicales de moda y un corcho con notas incrustadas, cartas y un calendario. A un lado había un escritorio y encima una computadora portátil.
El padre pensó que soportaría estar ahí de nuevo, pero fue demasiado doloroso el tan sólo observar la habitación desde afuera, sabiendo que su hija ya no regresaría. Entró a la habitación que compartía con su esposa, donde ella en ese momento dormía sedada por unos tranquilizantes. Dejó la puerta entreabierta para poder estar pendiente de los agentes, de las conversaciones que entablaban y de sus acciones.
Un retrato en uno de los muebles llamó la atención de Mulder, y se acercó. Tocó la foto y en ese instante una serie de recuerdos acudieron a su mente. Cerró los ojos. La muchacha que posaba con una sonrisa en la foto no tenía la misma edad de su hermana en el momento de su secuestro, pero la habían separado abrupta y brutalmente de su familia, y aquello bastaba para que Mulder automáticamente hiciera la conexión. Además, ella lucía como su hermana. Su cabello era largo y ligeramente ondulado; sus ojos eran verdes y levemente rasgados. Pensó en cuan cruel debía ser una persona para hacerle daño a alguien que lucía tan inocente, y luego el mismo se respondió: una persona como la que lo secuestro a él. Él no tenía ese aire inocente de una joven de dieciséis, pero tampoco se merecía lo que le ocurrió.
- Mulder, ven a ver esto – lo llamó Scully, y él le agradeció que lo hubiera distraído de sus pensamientos. Su mente se estaba plagando de recuerdos no gratos.
- ¿Qué encontraste? – se volteó hacia su compañera y enseguida vio lo que había encontrado. Era un diario. Intentó abrirlo, pero estaba cerrado con un candado.
- Está cerrado – dijo su compañera con obviedad, pero él en lugar de responderle con un sarcasmo, empezó a buscar un utensilio con el cual abrirlo - ¿Qué haces? – preguntó ella con confusión.
- Buscando algo con que abrirlo – respondió él abocado a su tarea de escudriñar en los cajones.
- No puedes hacerlo, Mulder – le reprochó Scully – No al menos sin el consentimiento de sus padres.
- Sabes muy bien que ellos no lo permitirían, Scully – le dijo mientras continuaba su búsqueda en los cajones del escritorio. – ¿Por qué en vez de recriminarme no enciendes la computadora y chequeas sus archivos? - le sugirió lo que a Scully le pareció que sería una terrible intromisión. No tardó en expresar su inconformidad con esa idea.
- No podemos hacer eso sin un permiso y tú lo sabes. Estoy segura que si le preguntamos al padre, él accederá a que lo hagamos – intentó hacer entrar en razón a su compañero. Él, que acababa de encontrar una pequeña llave, la cual por su tamaño parecían ser la que abriría el diario, se levantó y se situó frente a su compañera.
- Está bien. Hazlo. Pero yo mientras haré el intento ¿de acuerdo? – le comunicó mostrándole la llave, insinuando con esa acción como iba proceder.
- De acuerdo – respondió ella resignada. Después salió de la habitación.
Le costó convencer al señor Hamilton que permitiera que indagaran en el diario y en la computadora portátil de su hija, sin embargo, al final, luego de explicarle que era el procedimiento normal en esos casos, le dio su consentimiento.
Luego de veinte minutos, tanto en el diario como en la computadora, ambos agentes no habían encontrado evidencias de que alguien hubiera estado acosando a Kathy durante los días previos a su secuestro. En su diario, ella no escribía más que vivencias personales, en su mayoría alegres. Había descrito algunas historias tristes también, sin embargo, aquellas no estaban remotamente relacionadas con alguien que quisiera hacerle daño. En la computadora, Scully con la ayuda de su compañero, cuyos tres mejores amigos le habían impartido algunas clases sobre crímenes cibernéticos, había descubierto la contraseña de su mail, pero lo que halló en el buzón, fue lo usual: cadenas tontas y unos cuantos correos de gente conocida que le había escrito para invitarle a alguna fiesta o simplemente para comentarle sobre algún tema común entre adolescentes.
***
Cuando salieron de la casa de la familia Hamilton era ya de noche y no tenían más que investigar por ese día, por lo que regresaron al hotel. Al llegar, entró cada uno a su habitación para tomarse una ducha y cambiarse la ropa por una más cómoda.
Faltando pocos minutos para las nueve, Scully tocó la puerta de Mulder. Podría haber entrado sin avisar, pero no sabía si él estaría cambiándose todavía.
- Hola. Pasa – le dijo Mulder, quien ahora vestía unos jeans y una camiseta negra. Su cabello lucía húmedo y no llevaba calzado alguno. Scully vio que la televisión estaba encendida en un canal de deportes.
- ¿Qué veías? – le preguntó Scully sentándose al pie de la cama.
- Nada en realidad. Sólo lo puse en ese canal, pero no se ni que están pasando – le respondió Mulder desde el baño, donde recogía su ropa sucia y colgaba la toalla mojada. – ¿Pedimos algo para comer? – preguntó regresando al lado de su compañera. Se sentó a su costado.
- Claro ¿Qué pedimos?-
- ¿Una pizza te parece bien? – propuso Mulder. Scully asintió, y después él cogió su celular para hacer la llamada.
- En treinta minutos estará acá – informó Mulder, tras terminar de hacer el pedido. Scully volvió a asentir. - ¿Te parece si revisamos el caso mientras esperamos la pizza? -
- No hay mucho que revisar – expresó Scully con tono derrotado. – Hay tan poca evidencia… - se lamentó.
- Tienes razón, pero por algún lado hay que empezar a esclarecer este caso – dijo Mulder, mientras recogía todos los informes y los juntaba encima de la cama. – No creo que el asesino no haya dejado ningún cabo suelto. El oficial nos dijo que investigó a un grupo de chicos que se juntaban por las noches en la misma zona donde se encontró el cuerpo de la chica. ¿Que tal si se equivocó y ellos efectivamente son los responsables de la muerte de los animales y de la chica? Podríamos interrogarlos mañana. -
- Mulder, el oficial realizó una exhaustiva investigación sobre esto. Los siguió por días y no encontró ninguna prueba en su contra. Sinceramente, no creo que sean los culpables. – le indicó Scully con un dejo cansino.
- Pero no perdemos nada entrevistándolos nosotros también ¿verdad? Vamos, Scully ¿Qué pasa contigo? – le preguntó con tono preocupado, al notar que ella estaba dudando. La verdad es que ella tenía un mal presentimiento sobre esa situación. No quería estar más tiempo en esa ciudad, pero no podía regresar a Washington hasta que el caso quedara resuelto. Le temía a algo, pero ignoraba a qué se debía. No quería revelarle su inquietud a su compañero para evitar preocuparlo.
- Nada – respondió categóricamente. – Tienes razón, mañana tomaremos la declaración de esos chicos - Mulder advirtió que algo la estaba molestando, pero decidió no presionarla esa noche. Ambos estaban cansados por el día agitado que habían tenido, y tal vez sólo se trataba de eso.
- El padre de la joven nos dijo que la casa de la amiga de su hija quedaba a unas cuantas cuadras y que había regresado caminando hasta su casa, lo que quiere que algún vecino pudo haber presenciado su secuestro -
- Si fuera así, es extraño que el posible o los posibles testigos no lo hayan reportado a la policía – opinó Scully.
- Tal vez no están seguros de lo que vieron – comentó Mulder, alzando los hombros. Siguieron intercambiando ideas durante quince minutos más, hasta que escucharon el timbre del teléfono - Debe ser la pizza. Ha llegado rápido – dijo Mulder antes de levantar el auricular.
***
La charla sobre la investigación actual terminó cuando la pizza llegó hasta la habitación de Mulder. Cada uno se comió dos pedazos antes de considerar que habían saciado un poco su hambre, y luego empezaron a comer con más calma.
- ¿Cómo te estás sintiendo, Mulder? – preguntó Scully.
- Bien - respondió él con tono relajado, sonriendo por la extraña pregunta de Scully, mientras se adueñaba de otro pedazo de pizza.
- Ya sabes a qué me refiero, Mulder – insistió ella dejando la mitad que le quedaba de pizza dentro de caja, y luego miró seriamente a su compañero. Él dejó de comer. Súbitamente se le había quitado el apetito.
- ¿No ves que estoy bien? Creo que no te he dado ningún problema durante todo el día, así que no deberías preguntarme eso – salió de la cama, mientras la mirada de Scully se tornó incrédula
- Me preocupaste esta tarde, Mulder, cuando saliste de esa manera de la morgue.
- Creo que ya tuvimos esa conversación. Te dije que estaba bien – respondió él con fastidio, alejándose más de Scully.
- Lo sé. Sólo quiero estar segura - Mulder asintió con los brazos cruzados protectoramente sobre su abdomen. Hubo momento de silencio, y luego Scully se levantó de la cama.
- Creo que ya iré a mi cuarto. Intenta dormir, no te quedes hasta muy tarde despierto - le aconsejó, pero cuando se dio cuenta de lo maternal que había sonado y vio sonreír con algo de burla a su compañero, ella sonrió también avergonzada. – Hasta mañana. Que descanses – le dijo, pasando rauda por su costado.
- Hasta mañana, Scully. –
Él todavía estaba sonriendo cuando ella salió de su habitación.
Puso la caja de pizza encima del escritorio y luego se recostó en la cama. Con el televisor encendido en volumen bajo, podía escuchar ciertos ruidos en la habitación contigua. A Scully, muy contrario a él, le gustaba el orden, así que podía imaginar lo que estaba haciendo. Seguramente estaba sacando su ropa de la maleta y acomodándola en el armario. Era algo que siempre hacía aunque su estadía en hotel fuera sólo por una noche, así evitaba que sus trajes se arrugaran. Sonrió orgulloso de sí mismo al pensar en lo bien que la conocía. Esos agradables sonidos lo acompañaron durante media hora más. En el momento que los ruidos se detuvieron, la franja de luz que se escapaba por el resquicio debajo de su puerta se esfumó y se dio cuenta que ella se había echado a dormir.
De un momento a otro se sintió terriblemente solo, y tuvo que admitir que también un poco atemorizado. Se había adaptado nuevamente a vivir en su apartamento en soledad, sin embargo, ahora en otro estado, se sentía desprotegido. Scully estaba a unos cuantos pasos, sólo a una pared de distancia, pero aún así se hallaba demasiado lejos para su gusto. Deseó ir hasta ella y pedirle que lo dejara quedarse en su cuarto por esa noche, sabía que ella no se negaría; ya habían dormido tantas veces juntos en los últimos tres meses, que hacerlo una vez más sería como seguir una rutina. Sin embargo, esta vez su estúpido orgullo machista se lo impidió. Cuanto más tiempo pasaba desde el día que despertó en el hospital luego de la pesadilla que fue su encierro, más difícil le era buscar el consuelo de Scully; pensaba que la etapa en que más vulnerable se encontraba había concluido, y que no tenía derecho a seguir molestando a su compañera con sus traumas.
Mientras estos pensamientos desfilaban por su cabeza, sin darse cuenta había adoptado una posición fetal. Era la posición más segura que encontró durante su encierro, y era la que utilizaba cada vez que el miedo se apoderaba de él, y empezaba a sentir lástima por sí mismo.
Odiaba sentirse de esa manera, y le resultaba frustrante no poder hacer nada contra ese sentimiento de desconsuelo.
***
Scully se despertó y no supo la razón hasta que vio la luz que provenía de la habitación de su compañero. Sentía que había dormido por varias horas, por lo que supuso que ya era de madrugada. Se paró y caminó el corto tramo hasta la puerta. Tocó suavemente, y luego entró. En contra de lo que pensaba, él sí estaba durmiendo, pero con la luz encendida. Incluso seguía vestido con el jean y la camiseta. Seguramente se había tendido en la cama para ver televisión, pero estaba tan cansado que ya no se había levantado para ponerse el pijama y se había quedado dormido sin darse cuenta.
Estaba echado de costado, pero muy al filo de la cama y con medio brazo derecho fuera del colchón. Scully sonrió levemente mientras se acercaba a acomodarlo mejor. Consiguió trasladar su brazo hacia dentro de la cama, sin embargo, cuando fue a mover su cuerpo hacia el centro, él abrió un poco los ojos.
- ¿Qué haces? – preguntó con voz somnolienta.
- Vi la luz encendida de tu cuarto y pensé que estabas despierto -
- Sí, lo siento. Creo que… olvidé apagarla – se excusó farfullando las palabras. Estaba mintiendo. En realidad había dejado la luz encendida a propósito, pero no podía admitirle a Scully que todavía no era lo suficiente valiente para dejar ese infantil hábito.
Scully lo miró intensamente, mientras acariciaba su cabello, pero no le dijo que ella sabía su secreto, aunque para Mulder fue evidente que lo había descubierto.
- Si todo está bien, entonces, sigue durmiendo. Nos vemos mas tarde – Mulder asintió y luego Scully empezó a caminar; sin embargo, cuando estuvo en la puerta, se volteó.
- Sólo voy a bajar un poco la intensidad de la luz ¿De acuerdo? – le indicó y esperó la respuesta de su compañero, que llegó cuando asintió levemente con la cabeza, antes de acomodarse de costado. – Descansa – le dijo Scully mientras ajustaba el nivel de luz. Se quedó unos segundos parada bajo el dintel de la puerta, observando a la persona que intentaba quedarse dormido en la cama, y después se fue, sin hacer ruido.
***
Una hora más tarde, Mulder consiguió que sus manos temblorosas abrieran la puerta de la habitación de su compañera sin ocasionar mucho ruido. Scully estaba durmiendo, como era presumible y él se quedó parado, sin atreverse a acercarse, lo cual era extraño porque tras despertarse de una pesadilla y esperar unos minutos a que se le pasara el susto, había decidido que buscaría el consuelo de Scully, sin importar cuan magullado terminara su orgullo. Sin embargo, estando allí, ya no estaba muy seguro.
- ¿Mulder? ¿Eres tú? – preguntó Scully, antes de que él pudiera llevar a cabo el gran escape.
- Sí… - respondió Mulder con un hilo de voz. Tras escuchar su susurro, Scully se sentó y encendió la lámpara del velador. La embargó la tristeza al observar la expresión de Mulder. Al parecer había tenido una pesadilla y ahora estaba sufriendo las consecuencias. Pudo distinguir la humedad en sus ojos, el sudor que bañaba su rostro y los temblores que dominaban su cuerpo.
- Ven aquí – le dijo palpando el espacio libre que había a su costado, y él fue hasta allí tan dócil como un niño. Scully lo abrazó, como él esperaba que hiciera apenas estuviera a su alcance, y durante algunos minutos ninguno de los dos habló. Ella suponía que si no rompían el silencio, él se dormiría, sin embargo, eso no sucedió. La pesadilla había resultado más desconcertante de lo normal. En ella, él era secuestrado nuevamente por ese hombre. Tendría menos miedo, si es que tuviera la certeza de que él estaba muerto o al menos refugiado en una cárcel, pero Scully le había confirmado que nunca encontraron su cuerpo, lo que hacía más real su sueño.
- Él regresó por mi en mi sueño - la voz le tembló.
- Él no va a regresar ¿de acuerdo? Y créeme que lo mataría antes de atreverse a tocarte un pelo – le afirmó, mirando directamente a esos ojos que ya no podían retener las lágrimas. Confiado de que con Scully tenía toda la seguridad que necesitaba, cerró los ojos mientras que dentro de su compañera creció aquel presentimiento que la había molestado la tarde entera. Ahora sabía a que se debía. Las palabras atormentadas de Mulder se lo habían revelado.
***
Continuará…
20/01/08
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