Nombre del Fanfic: E.B.E.
Capitulo: Primera parte
Autor: Scully78
Clasificacion: Mission X-Files
Accion
Suspenso
Angst / Drama
Fanfic: Oficina de los Expedientes X.08:50
Scully no se había movido de posición en la silla desde que Mulder le había enseñado la nota. Se la habían pasado por debajo de la puerta de su apartamento esa misma mañana y se había puesto bastante nervioso. Ahora, delante de su compañera, intentaba disimular su estado.
Scully sostenía en alto la bolsita de evidencias con la nota dentro y no apartaba su mirada, como si pudiera descubrir algo más de lo que ya había escrito: “vigila a tu compañera”.
Mulder estaba sentado enfrente de ella y la observaba detenidamente, de repente sus ojos azules mostraron preocupación.
-¿Qué? –le dijo, sacándola de su ensimismamiento. Scully le miró y dejó la nota encima de la mesa.
-No sé qué pensar, Mulder.
-No creo que haya nada que pensar, Scully. Alguien intenta gastarme una broma pesada.
-¿Reduces una amenaza a una broma?
-No es una amenaza, sino una advertencia y no le estoy quitando importancia, sólo digo que no debemos preocuparnos. No, de momento.
Pero Scully ya estaba preocupada. Mulder se puso de pie y cogió la bolsa de evidencias. Ella le imitó.
-Voy a ver si me pueden sacar alguna huella.
Cogió su chaqueta del perchero y se detuvo para mirar a Scully.
-Bien. –dijo ésta.- Yo iré a Georgetown a recoger las pruebas de la muestra que encontramos en el almacén del muelle.
-De acuerdo. Llámame.
Y desapareció por la puerta. Scully permaneció unos segundos sin moverse, pensativa. Luego cogió su bolso y salió.
Departamento de Grafología. Edificio del FBI. 10:20
-¿Y bien? –preguntó Mulder con visible nerviosismo.
Había tenido que esperar a que el Agente Pendrel terminara de corregir unos tests de psicología y eso no le ayudó a serenarse. El hombre no tardó más de 10 minutos pero la paciencia de Mulder no duraba más de dos segundos. Ahora Pendrel observaba la nota bajo un microscopio. La miraba detenidamente y le daba vueltas sobre el cristal, en silencio. Sólo cuando Mulder le formuló la pregunta comenzó a hablar, sin apartarse de la lente.
-Veamos… lo ha escrito una persona diestra, un hombre… por la dureza de los rasgos. La forma de la escritura es vertical y tensa… lo que indica que no utilizó guantes ni nada parecido… ¿han encontrado huellas? –Pendrel levantó la vista hacia Mulder.
-No –contestó éste secamente.
-Pues… es extraño, la escritura es limpia y firme. Si hubiera llevado un guante no podría haber escrito marcando tanto los trazos.
Mulder no dijo nada al respecto, Pendrel suspiró y volvió al microscopio.
-Las letras son angulosas… y están ligadas ¿ves lo pegadas que están? –Pendrel se apartó del microscopio para que Mulder observara por él. Enseguida se retiró y asintió en silencio.
Pendrel quitó el papel del microscopio, lo volvió a meter en la bolsita de evidencias y se lo entregó a Mulder.
-Bueno… a primera vista, y en condiciones normales, diría que la persona que escribió esto tiene una gran firmeza de carácter y buena capacidad lógica… lo que la convierte en una persona extraordinaria. Pero… dadas las circunstancias… una persona con estas características… puede ser ecuánime y eso la convierte en alguien peligroso. Me temo que no es de los que abandona lo que hace hasta llegar a la meta, y también es de los que tienen todo bajo control.
-O cree tenerlo –dijo Mulder, más bien para sí mismo.
El agente Pendrel, simplemente, se encogió de hombros.
Departamento de Microbiología. Universidad de Georgetown. 15:10
Cuando Scully llegó al departamento, el Dr. Fleischman la estaba esperando. Parecía impaciente. La condujo por el laboratorio a través de largas mesas llenas de probetas, pipetas, alambiques, microscopios y demás. Se sentó delante de un ordenador y comenzó a teclear. Scully permaneció de pie, a su lado.
-Mi primera impresión –dijo- fue que se tratara de alguna especie de muestra bacteriana pero… no se parecía a nada que yo hubiera visto. ¿Ve esto?
Scully asintió, observaba atenta la pantalla del ordenador. En ella aparecían unos círculos blancos con pequeños agujeros.
-La mayoría de las bacterias son simétricas y lisas pero éstas… no sé, son extrañas. Para identificarlas tuve que hacer una fractura de congelación y… descubrí que cada bacteria contiene un virus.
-¿Un virus?
-Además de cloroplastos.
-Células vegetales… -susurró Scully. Fleischman le miraba expectante.
-¿Puedo preguntarle dónde la encontró, agente Scully?
-En… el escenario de un crimen –mintió.
El Dr. Fleischman se le quedó mirando unos segundos en silencio.
-Tengo algo que mostrarle.
Y con estas enigmáticas palabras se puso en pie y Scully le siguió.
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Se le había hecho tarde cuando abandonó la Universidad de Georgetown y ahora se encontraba conduciendo de vuelta a Washington. Estaba bastante sorprendida, y también preocupada, ante el descubrimiento que había hecho el Dr. Fleischman de la muestra. Decidió llamar a su compañero para informarle.
-Mulder –contestó automáticamente éste.
-Soy yo.
-Scully ¿dónde estás?
-De camino a Washington. Mulder tengo que enseñarte algo, algo muy importante.-su voz sonaba impaciente.
-¿De qué se trata?
-Es… es complicado. No puedo contártelo por teléfono.
-De acuerdo, te veré en mi casa.
Scully colgó y dejó el móvil en el asiento de al lado. Seguía conduciendo atenta a la carretera. Comenzó a recordar cómo había empezado todo, cuando hace un par de noches, una fuente desconocida informó a Mulder de que, la verdad que llevaba tanto tiempo esperando descubrir, se encontraba oculta, de forma clandestina, en un almacén en el muelle. No le dijo nada más. Por instinto, Mulder desconfió de esta información, pero permaneció dándole vueltas al asunto casi toda la noche, y al fin decidió que por investigar un poco no pasaría nada. Llamó a su compañera a las 4 de la mañana.
-No pienso ir –fue su primera contestación.
Pero, como siempre, logró persuadirla y Scully se maldijo por dejarse llevar por él.
No pudieron penetrar en el almacén, a pesar de que Mulder manipuló la cerradura. Como último recurso sacó su arma pero Scully le impidió efectuar el disparo.
-¡No! Mulder si de verdad hay algo ahí dentro, no debemos dejar la menor sospecha de que alguien ha estado aquí.
Tuvo que darle la razón, así que se limitaron a merodear por los alrededores. Scully se dirigió a la parte trasera y algo en el suelo llamó su atención. Se puso de cuclillas para ver mejor. La sustancia tenía un aspecto viscoso y era de color oscuro. Tomó una muestra en un pequeño tubo de ensayo y se reunió con su compañero. No anduvo ni dos pasos hacia él cuando, de repente, apareció un vehículo a toda velocidad que paró a escasos metros de ellos.
-¡Scully! –gritó Mulder, haciéndole señas para que se dirigiera al coche. Ambos agentes montaron y salieron rápidamente de allí.
El otro coche, sin embargo, no se movió. Tan sólo se apagaron las luces y el motor.
Apartamento de Mulder. 21:20
Unos suaves golpes en la puerta sacaron a Mulder de sus pensamientos. Se levantó del sofá, dejando la nota encima de la mesa y abrió la puerta. Scully entró sin saludar y se dirigió al centro de la sala.
-¿Qué has descubierto? –quiso saber Mulder.
Scully suspiró, se sentó en el sofá abriendo sobre su regazo una carpeta y sacó unos papeles.
-Esto te va a encantar –dijo sin mucho ánimo.
Mulder se sentó a su lado y observó con detenimiento el folio que su compañera le mostraba. En él aparecía un patrón de líneas desde arriba hacia abajo hasta esparcirse por completo.
-Antes de nada Mulder,-Scully le puso una mano en su brazo y le miro fijamente. - debo decirte que la muestra que tomé del almacén del muelle ha sido identificada como una bacteria… una bacteria un tanto extraña.
Mulder le miraba en silencio. Atento a sus palabras.
-Cada bacteria –prosiguió Scully- es portadora de un virus.
-¿Un virus? –se asombró Mulder.
Scully retiró su mano del brazo de su compañero y se centró en el folio que le había entregado antes.
-Estas son secuencias de ADN de la muestra bacteriana.
Mulder miró las líneas dibujadas en el papel.
-Son genes –dijo.
-Exacto. Son los llamados pares de base. Cada par está formado por un compuesto orgánico llamado nucleótido. Sólo cuatro nucleótidos existen en el ADN. Cada criatura viviente de este planeta está creada a partir de estos cuatro pilares básicos de construcción, Mulder. Sólo cuatro. –enfatizó la palabra “sólo” y se quedó mirando a su compañero, esperando a que absorbiera todo lo que le acaba de explicar. Tras unos segundos prosiguió. –Normalmente, las secuencias de ADN son correlativas pero éstas presentan una abertura.
Ambos agentes observaban la hoja con el patrón de secuencias.
-¿Y a qué se debe esa abertura? –quiso saber Mulder.
-No lo sé. Tampoco pudieron explicárselo en la universidad de Georgetown.
-Scully, dime de una vez qué has encontrado.
Scully miró a su compañero con cierta preocupación.
-Un quinto y un sexto nucleótido. Un nuevo par de base. –Mulder la miró con los ojos muy abiertos.- Lo que estás viendo… no existe en la naturaleza… al menos no en este planeta.
Ya está, lo había dicho. Le había costado mucho convencerse a sí misma de que, por definición, esa bacteria era extraterrestre. No podía ser de otra manera.
-¿Y por qué… cada bacteria es portadora de un virus?. –Mulder seguía asombrado. - ¿Con qué propósito?
Scully negó levemente con la cabeza aunque más bien fue un acto reflexivo.
-La única… la única razón que se me ocurre de clonar un virus dentro de una bacteria es… con el fin de inyectarla dentro de algo vivo.
-Tenemos que entrar en ese almacén, Scully –dijo Mulder tras unos segundos de silencio en los que ambos se quedaron pensativos –Tenemos que saber qué esconden ahí dentro.
Scully no le contestó, su expresión se había tornado seria de pronto. Mulder siguió su mirada y vio que se posaba en la nota que estaba encima de la mesa. “Tendría que haberla escondido” –pensó, pero ya era tarde.
-¿Han… encontrado alguna huella? –aunque intentaba disimularlo, el tono de voz delataba su nerviosismo.
-Me temo que no.
Mulder se dirigió a su escritorio y cogió una carpeta que le entregó a Scully.
-Ya sé que no estás muy de acuerdo con los exámenes grafológicos…
-¡Mulder! –protestó.
-Mejor tener esto que no tener nada ¿no te parece?
Se sentó de nuevo. Scully ojeaba el informe rápidamente pero sin leerlo.
-Un simple texto, o en este caso una simple línea, no determina el perfil de una persona, eso… eso es algo mucho más complejo.
-Por una vez estoy de acuerdo contigo, Scully, sin embargo nuestra forma de escribir dice mucho de nosotros mismos.
-Puede decir algo de nosotros mismos en un momento determinado pero no en rasgos generales. Influyen… demasiados factores externos.
-Bien, en ese caso, este informe se ha realizado a partir de una línea de escritura que alguien realizó en un momento determinado.
Scully se dio por vencida y comenzó a leer las hojas de papel que tenía ante sí. Cuando terminó, su expresión reflejaba preocupación.
-Es bastante desalentador. –dijo- Un loco con una mente brillante. Mulder ¿a qué viene esto?
-Ojalá lo supiera.
Scully se inclinó hacia delante y se frotó las manos.
-Ya sé… que no es nuevo que tengas algunos enemigos… -Mulder esbozó una media sonrisa al oír eso.-… pero… el que yo sea el objeto de esa nota… me pone bastante nerviosa.
-Lo sé, a mí también.- Mulder le acarició la espalda con objeto de tranquilizarla. Ella le sonrió débilmente. -No sabemos si se trata de una amenaza o, por el contrario, me están advirtiendo. Quizá no vuelvan a enviar más notas.
-¿Y si no es así?
Mulder no supo qué contestar.
Oficina de los Expedientes X. 09:40
-¿Dónde has estado? –quiso saber Scully cuando vio aparecer a su compañero por la puerta.
Había llegado temprano y le sorprendió no ver a Mulder en la oficina. Debido a su insomnio, siempre acudía el primero al trabajo y para cuando llegaba Scully, aún somnolienta, ya la estaba esperando con algún caso entre manos y dispuesto a ponerse en marcha enseguida. Por eso le extrañó no encontrarlo allí.
Dejó pasar un tiempo prudencial antes de llamarle a su casa, pero nadie lo cogió, y cuando llamó al móvil se encontró con que éste estaba desconectado.
-Scully, tienes que ver esto –dijo él visiblemente excitado e ignorando la pregunta.
Abrió sobre la mesa un expediente de color marrón. Scully contempló en silencio unas muestras de ADN muy parecidas a las de la bacteria hallada en el muelle, parecidas no… eran idénticas. Miró a su compañero sin comprender.
-Mulder, qué es esto.
Obviamente, sabía lo que era pero quería saber de dónde habían salido. Sin decirle nada, Mulder, pasó un par de páginas del expediente y Scully pudo leer que pertenecía al Ministerio de Defensa , que era Alto Secreto y estaba fechado en abril de 1999. Siguió leyendo más abajo y pudo comprobar que ese ADN pertenecía a una “sustancia aún no clasificada” encontrada en Roswell, Nuevo México, en 1947. Mulder tomó asiento al otro lado del escritorio, expectante. Scully se quedó asombrada y en silencio. Por fin habló.
-Ya sé lo que estás pensando, Mulder, pero esto… tampoco prueba nada.
Al oír aquello se desilusionó un poco, no era la respuesta que esperaba después de haber visto lo que reflejaba el rostro de su compañera.
-Si lo piensas bien, tiene sentido, Scully. Estamos hablando de un ADN que no existe en la naturaleza, no en este planeta, tú misma lo dijiste. Un ADN, por definición, extraterrestre.
-Mulder, lo de Roswell fue una cortina de humo para desviar la atención pública de la Segunda Guerra Mundial. Todo el mundo sabe eso.
-Pero lo que no todo el mundo sabe es que se encontraron dos cuerpos en esa nave. Dos cuerpos auténticos. –señaló con el índice el expediente. -Fíjate en la fecha de esos análisis, Scully. Tuvieron que esperar 50 años porque poseían el tejido pero no la tecnología.
Scully negaba con la cabeza mientras le escuchaba.
-¿Insinúas que... –no sabía cómo decirlo-… que en ese almacén tienen escondido algún… ente extraterrestre? ¿Eso es lo que crees?
Mulder sonrió.
-Repítelo otra vez, por favor.
Pero Scully no estaba para bromas y se limitó a clavarle su mirada. Mulder suspiró.
-Sí, Scully, eso es lo que creo.
-En un almacén.- El tono de Scully denotaba incredulidad pero también albergaba algo de duda.
-Sé de laboratorios clandestinos dotados de última tecnología que se esconden en sitios menos… lujosos, por así decirlo.
-Ya. -tras unos segundo de silencio, cerró el expediente y miró a Mulder fijamente. –Está bien. Vayamos al muelle.
Éste se puso de pie como un resorte. Cogió el expediente de la mesa y se dirigió a la puerta.
-Pero antes… -le detuvo su compañera- …te sugiero que devuelvas ese expediente al Pentágono.
Puerto de Washington D.C. Muelle Isla Verde. 12:05
El coche de los agentes frenó en seco delante de la puerta del almacén. Ya incluso antes de apearse, notaban que algo no iba bien. Intercambiaron unas miradas y salieron a la vez del vehículo.
Mulder se adelantó a su compañera y se acercó a la puerta. Negó con la cabeza, más bien para sí mismo, pero Scully no dejó pasar ese gesto.
-¿Qué ocurre? –quiso saber cuando se puso a su lado.
Mulder señaló la cerradura. No tenía nada que ver con la que él había intentado forzar de un disparo. Ésta era mucho más sofisticada, con abertura para tarjeta y contraseña de números.
Se separaron en silencio y cada uno merodeó por los alrededores del cobertizo. Scully se acercó al lugar donde había recogido la muestra. Se agachó y, no sólo comprobó que no había ni resto de la sustancia, sino que la zona había sido limpiada y olía fuertemente a producto químico.
Mulder, a su vez, se apartó unos pasos para observar mejor el lugar. Parecía que había sido pintado, pero sin llamar la atención, también advirtió que encima del tejado no estaba la antena que había visto, o creyó ver, la otra noche.
-¿Está buscando algo, amigo?
Mulder giró con brusquedad. La frase provenía de un tipo de unos 50 años, ataviado con gorro de lana, chubasquero azul y botas de goma; en una de las manos sostenía un cubo de plástico y en la otra un cigarrillo al que daba largas caladas. Mulder se le quedó mirando antes de contestar, más bien, lo estaba estudiando. Luego, sacó su placa para identificarse.
-Ah, vaya, los federales –susurró el tipo.
-¿Sabe a quién pertenece ese almacén? –preguntó señalando hacia atrás, sin volverse.
-Sé a quien pertenecía. –Antes de proseguir, le dio otra calada al cigarrillo -¿Qué quiere saber?
-Para empezar, me gustaría hablar con el dueño.
El pescador meneó la cabeza y tiró la colilla al suelo pisándola después.
-Imposible. Está muerto.
Mulder se acercó un poco más al hombre, atraído por sus palabras.
-Explíquese.
-No hay nada que explicar. Se ahogó.
-¿Cuándo?
-Hace una semana.
El hombre dejó el cubo en el suelo y se sacó un paquete de tabaco del bolsillo del pantalón. Ofreció uno a Mulder, quien negó con la cabeza.
-¿Fue un accidente? –quiso saber.
El pescador se encogió de hombros.
-Eso dicen.
-Pero usted no lo cree.
-Mire… la policía ya estuvo aquí. Si quiere saber algo, hable con ellos.
-No estoy aquí por eso –Muder notaba la desconfianza del hombre, así que fue directo al grano –Necesito saber a quién pertenece ese almacén ahora y necesito entrar en él.
Silencio. El hombre observó a Scully que se acercaba a ellos. Dio un par de caladas más y por fin contestó:
-Antes de la muerte de Jack vinieron unos tipos interesándose por el almacén. Insistieron mucho pero el viejo Jack se negó a hacer ningún trato. Dos días después apareció ahogado.
-Cómo eran esos… tipos. –preguntó Scully que se acababa de unir a ellos.
El pescador la miró, luego esbozó lo que se suponía era una sonrisa.
-Como ustedes.- Los agentes se miraron unos segundos. -Me temo que no puedo ayudarles…
-Gracias de todas maneras.
El hombre tiró la colilla al suelo.
-Claro. –fue su escueta despedida antes de coger el cubo y marcharse.
Mulder se giró y observaba pensativo el almacén.
-Mulder, no he encontrado ni rastro de la sustancia que hallé la otra noche. Toda la tierra de alrededor ha sido cribada y limpiada y… he notado un fuerte olor a producto químico. No me extrañaría en absoluto que ahí dentro no hubiera nada.
-Pero lo hubo, Scully.
Sin decir nada más comenzó a caminar hacia el coche. Scully suspiró, odiaba que la dejara plantada de aquella manera. Aligerando el paso, pudo alcanzar a su compañero.
-Mulder ¿no te has parado a pensar que la persona que te informó lo hiciera para tenderte una trampa?
Mulder se detuvo y miró a su compañera con los brazos en la cadera.
-Con qué objeto.
-El de salvarse a sí mismo y sacrificarte a ti. Te ha mostrado un cofre con un tesoro que ahora está vacío. Y esa persona sabe… -se humedeció los labios brevemente-… y yo sé… que no pararás hasta encontrar alguna pista que te lleve a él… arriesgándolo todo por el camino.
Mulder notó pesar en la voz de Scully pero lo pasó por alto.
-No van a jugar conmigo, si es eso lo que crees.
-Ya lo están haciendo, Mulder.
La mirada de Scully reflejaba pesadumbre. Otra vez estaban embaucando a su compañero en una odisea innecesaria y él no se daría cuenta hasta mucho después, como siempre. Sin embargo, era inútil hacerle ver lo contrario, tendría que darse cuenta por sí solo y tal vez, para entonces, pudiera ser demasiado tarde.
Los ojos de Mulder, en cambio, denotaban enfado. Las palabras de su compañera le hicieron pensar por un momento en esa posibilidad. Pero entonces ¿qué sentido tendría que le revelaran una información para después dejarle a medias? Scully tenía razón: porque sabían que él seguiría hasta el final. Sin embargo, esta vez no estaría dispuesto a sacrificarlo todo. Ya no.
Antes de subirse al coche, Mulder advirtió en el parabrisas un trozo de papel cuidadosamente doblado. Miró a su compañera pero antes de cogerlo, ya se le había adelantado ella. La cara de Scully cambió por completo al leer su contenido. Sin pronunciar palabra, le tendió la nota Mulder y éste la leyó: “si no puedes mantener a tu compañera con la boca cerrada, lo haremos nosotros”.
Ambos agentes intercambiaron una mirada de preocupación.
Laboratorio del FBI. 19:57
Mulder se pasó la tarde intentando sacar alguna huella de la nueva nota, pero no encontraron nada. Igualmente, se la llevó al agente Pendrel quien confirmó lo que ya suponía: había sido la misma persona.
Scully, a su vez, intentó concentrarse en los análisis de ADN de la muestra bacteriana. Quería compararlos con los tejidos de la bacteria que Mulder había encontrado en el Ártico, hace un par de años, pero no encontró tanta semejanza como ella esperaba.
Era tarde y estaba cansada. Se separó del microscopio para anotar algo en un cuaderno cuando vio aparecer a su compañero por la puerta. Por la expresión que Mulder reflejaba en su cara, sabía que no iba a contarle nada nuevo.
-Nada –le confirmó, tendiéndole la bolsita de evidencias con la nota dentro. Scully la cogió y suspiró.
-Mulder esto es… -hizo un gesto de negación con la cabeza, miró al suelo y luego a su compañero. –Creo... creo que… de alguna manera estas amenazas tienen que ver con lo que estamos investigando.
-¿Qué quieres decir? –aunque Mulder ya había pensado en ello.
Scully le clavó sus ojos azules.
-Mulder… esta tarde hablé con la Universidad de Georgetown… -hablaba despacio, eligiendo las palabras. –Quería comentar un par de cosas con el Dr. Fleischman respecto a la… bacteria… pero… pero…
Por un momento, Mulder pensó que se iba a echar a llorar sin embargo continuó hablando.
-Me han comunicado… que el Dr. Fleischman fue hallado muerto en su propio laboratorio y que éste había sido saqueado… por completo.
La noticia pilló a Mulder por sorpresa, que no supo cómo reaccionar.
-No queda nada… -continuó. - …salvo esto. -y le mostró a su compañero un pequeño tubo de ensayo con la sustancia viscosa y de color oscuro en su interior. –Mulder… tenemos que decírselo a Skinner.
-Ni hablar –negó enérgicamente con la cabeza.
-Bajo otras circunstancias, debo decirte que mi primera reacción hubiera sido informar inmediatamente a nuestro superior sobre la evidencia que hemos encontrado de… posible vida extraterrestre y además…
-No, Scully, no podemos –la interrumpió bruscamente a la vez que la agarraba con suavidad por los hombros. –Todo esto es extraoficial. No sabemos quién nos informó y por qué lo hizo. No sabemos qué es exactamente lo que había en ese almacén. Y tampoco sabemos cuál es el propósito de clonar un virus en una bacteria. –la miraba muy fijamente, con el fin de que sus palabras surtieran efecto en su compañera. –Y lo más importante, no tenemos ni la más remota idea de quién se esconde tras todo esto. La muestra que posees de esa sustancia… es sólo la punta del iceberg.
Su mirada seguía clavada en aquellos ojos azules, ahora asustados. Mulder la soltó y dejó caer los brazos. Scully abrió la boca para decir algo pero de nuevo la interrumpió.
-Y además está eso. –dijo señalando la bolsita de evidencia que Scully todavía sostenía en sus manos. –Nos están amenazando por habernos entrometido.
-Skinner podría ayudarnos. –insistió.
-¡Cómo! –El tono de Mulder había sido más alto de lo que pretendía pero continuó de la misma manera. –¡Cómo podría ayudarnos! ¡Si le enseñamos la bacteria y las notas, lo único que hará será tirar de la cuerda para descubrir que ni él mismo puede alcanzar ciertos niveles. Le harán preguntas, nos las harán a nosotros, nos investigarán y será la excusa perfecta para cerrar los Expedientes X! Terminarán por hundirnos.
Cuando terminó de hablar se dio cuenta de lo furioso que estaba y, que de esta manera, sólo había conseguido poner más nerviosa a Scully, quien apartó la vista de él. Un incómodo silencio los envolvió.
-Estamos solos. –dijo tras unos segundos. Esta vez el tono de su voz fue un susurro pero Scully seguía con la cabeza baja.
Mulder presionó suavemente bajo su barbilla hacia arriba, obligándola a mirarle. Cuando por fin accedió, se dio cuenta de que había estado escondiendo inútilmente unas lágrimas furtivas que corrían por su mejilla. Rápidamente, y algo avergonzada, se limpió el rostro con la mano.
-Scully ¿estás bien?
Dudó un segundo en responder pero finalmente asintió.
-Sí… sólo… sólo estoy un poco nerviosa y… cansada. Eso es todo.
Seguía evitando la mirada de su compañero y Mulder sabía por qué: estaba asustada y no quería reconocerlo. Siempre había sido una persona muy hermética y en ocasiones, lo seguía siendo, incluso para Mulder. Se exigía demasiado, no dejaba traspasar sus emociones fácilmente y no se rendía nunca. No quería que Mulder viera ni un resquicio de debilidad en ella. Le había depositado toda su confianza hacía siete años, sin apenas conocerla, y Scully se sentía en la obligación de corresponderle y de demostrarle, aún después de tanto tiempo, que era digna de su confianza… y de su amistad.
Mulder sabía todo esto, por supuesto, e intentaba hacerle ver que no tenía que demostrarle nada… que no le debía nada. Sin embargo él le debía todo.
La contempló en silencio y en ese momento se le antojó frágil e indefensa.
-Vamos, te llevaré a casa. –se ofreció.
-No… gracias. Quiero… quedarme a terminar esto.
-Scully...
-Sé lo que estás pensando, Mulder. Estaré bien, de verdad. –esta vez le miró directamente a los ojos.
-De acuerdo. –dijo, tras meditarlo brevemente. -Pero llámame en cuanto llegues a casa ¿entendido?
-Sí.
-Bien. –le acarició la mejilla suavemente, despacio.
Scully le regaló una tímida sonrisa. No sabía cuánto la consolaba aquel gesto.
Mulder abandonó el laboratorio y Scully volvió al microscopio. Sin embargo, le fue imposible concentrarse.
Edificio Central del FBI. 20:40
Había estado dándole vueltas después de que Mulder la dejara sola. Seguía albergando el pensamiento de que Skinner podría echarles una mano si le contaban lo que estaba pasando. ¿Cómo podría ayudarles? en eso tenía que darle la razón a Mulder, ella tampoco sabía cómo. Pero el simple hecho de que su superior conociera el más mínimo detalle de su situación, la haría sentirse un poco mejor. “Sí, mi situación” –pensó. El descubrimiento de la bacteria había merecido toda su atención y asombro al tratarse de un hecho científico sin precedentes… sin embargo, las amenazas eran lo que verdaderamente la tenían desconcertada y asustada. Y sabía que si Skinner lo supiera, no se quedaría de brazos cruzados. Ya le había demostrado en el pasado la confianza y el respeto que mostraba en ella, y también cierto… afecto que Scully no pasaba por alto, pero tampoco la incomodaba en absoluto. Los tres parecían ser partícipes de un juego sin palabras en el que había ciertas reglas que no se podían romper… y Skinner tenía muy claro que la relación entre sus agentes iba más allá de lo meramente profesional, y que nada podría cambiar aquello. Así que se limitaba a permanecer de espectador.
Sabía que su jefe aún estaba trabajando, pues se filtraba luz a través de los estores de las ventanas de su despacho. Su secretaria ya se había marchado, probablemente hacía bastante tiempo, al igual que la gran mayoría de los agentes y el personal de oficina.
Y ahora se encontraba allí, plantada delante de la puerta del despacho del Director Adjunto, sosteniendo un sobre en las manos que contenía las notas, sin atreverse a llamar. Dudando si tocar en la puerta o salir corriendo. Se disponía a hacer lo primero cuando recordó las palabras de Mulder. Tal vez tuviera razón, quizá no deberían mezclar a Skinner en esto; sin contar conque su superior sospecharía, y hasta se preocuparía, de que hubiera ido sola a verle, dejando a Mulder al margen.
No, pensándolo bien no había sido una buena idea, así que dio media vuelta y volvió por donde había venido.
-Agente Scully.
Aquella inconfundible voz la hizo detenerse en seco. Se giró despacio y allí estaba él, en medio del pasillo, con la camisa remangada, la corbata desanudada y las manos en la cintura.
-¿Quería algo?
Scully se humedeció los labios y negó con la cabeza.
-…En realidad no, señor.
Skinner la miraba con curiosidad, no era propio de ella ese comportamiento.
-Es muy tarde ¿qué hace aquí todavía? –quiso saber.
-Estaba… terminando un trabajo en el laboratorio.
Scully intentaba esquivar la mirada de su jefe, quería salir de allí cuanto antes. Él lo notó y dio un par de pasos que bastaron para tenerla a tan sólo medio metro de distancia. Al hablarle lo hizo casi en un susurro.
-Scully… ¿se encuentra bien?
Scully le miró, había notado preocupación en su voz y eso la llenó de compasión. No quería mentirle… no podía. Lágrimas furtivas escaparon de sus ojos azules, ahora más intensos que nunca, pero esta vez, dejó que resbalaran por sus mejillas.
Apartamento de Fox Mulder. 21:17
Era la quinta vez que descolgaba el teléfono aquella noche para llamar a su compañera. Lo había intentado al móvil un par de veces sin éxito, y en su apartamento parecía no haber nadie. Tampoco en el FBI había podido localizarla. Ahora se arrepentía de no haberla llevado a casa para asegurarse de que estaría bien, pero había tenido que ceder a su negativa pues sabía que Scully no cambiaría de opinión. Intentaba no preocuparle haciéndole ver que ella era fuerte e independiente… como siempre lo había sido. Mulder dejaría que lo creyera pero la vigilaría muy de cerca. De hecho, ya estaba más que nervioso por no haber tenido noticias suyas en una hora. Sabía que Scully no se olvidaría de hacerle la llamada que le prometió de hola-ya-estoy-en-casa-estoy-bien.
No aguantaba más, parecía un león enjaulado dando vueltas por el salón con el teléfono en la mano. Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo ya.
Colgó con un golpe seco y dejó el teléfono encima de la mesa, cogió la chaqueta que había dejado tirada en uno de los brazos del sofá y se marchó con un único pensamiento en la cabeza: que Scully estuviera bien.
Apartamento de Dana Scully. 21:50
Por fin en casa, fue lo primero que pensó al cerrar la puerta tras de sí. Se quedó apoyada en ella durante unos segundos, luego encendió la luz, dejó su bolso, la chaqueta y la pistola sobre la butaca del salón y se dirigió a la cocina para prepararse una infusión de tila que la ayudara a dormir, aunque lo dudaba mucho.
La charla con Skinner había sido breve e informal. La hizo pasar a su despacho. Ambos se acomodaron en el sofá de cuero negro que formaba parte del sobrio mobiliario y que, normalmente, se reservaba a las visitas y las reuniones informales.
Scully se mostró nerviosa ante su jefe. Seguía pensando que había sido un error, pero la actitud relajada y confidente de él, le hizo cambiar de opinión.
Se limitó a mostrarle las notas y a contarle que se las estaban enviando a Mulder regularmente. No tenían ni idea de quién o por qué, y no habían conseguido sacar nada en claro. No es que Scully le mintiera, tan sólo no le dijo toda la verdad. Finalmente, tuvo que confesarle que estaba aterrada.
-…Y no se lo ha dicho a Mulder. – sentenció Skinner. La contempló unos segundos en silencio. - ¿Por qué?
Scully le miró un poco sorprendida. ¿Por qué?, buena pregunta… para la cual tenía una amplia gama de respuestas… porque pensaba que no necesitaba que la protegieran, porque ella solita se cuidaba muy bien, porque no quería demostrarle a su compañero que podía ser débil, porque tenía que demostrarse a sí misma que no necesitaba a nadie… y en eso estaba muy equivocada. Ninguna de esas respuestas le sería válida a Skinner así que optó por quedarse callada.
Éste le prometió que haría todo cuanto estuviera en su mano para conseguir alguna información que pudiera llevarles al tipo de las amenazas. Le ofreció protección, pero el hecho de tener a un par de agentes merodeando por su casa día y noche la pondría aún más nerviosa, así que la declinó. Finalmente se ofreció para llevarla a su casa. Scully sonrió brevemente a la vez que negaba con la cabeza, de repente le habían salido demasiados taxistas.
Y ahora, por fin, se encontraba en casa, a salvo… o al menos eso creía.
Puso agua a hervir en el microondas y de repente de acordó de algo.
-Mulder… -susurró.
Volvió al salón con la intención de llamar a su compañero pero le pareció oír un levísimo golpe seco procedente del dormitorio y eso bastó para poner sus cinco sentidos en alerta. Muy despacio, se acercó al sillón y cogió su arma. Sin hacer ruido, atravesó el pasillo y se apostó en la puerta de su habitación. Ésta se encontraba entornada, dejando ver parte de la cama y la ventana. Aparentemente, todo estaba igual. Permaneció así unos segundos, valorando la situación. Cuando por fin se armó se valor y entró rápidamente, cumplió la primera norma que aprendió en el FBI: mirar SIEMPRE tras la puerta, y al hacerlo, recibió un fuerte puñetazo en la nariz que la hizo caer al suelo y perder su arma. Miró al hombre que tenía ante sí, era bastante más alto y corpulento que ella, iba vestido completamente de negro y llevaba un pasamontañas de idéntico color.
Intentó incorporarse, pero recibió una patada en el estómago que la hizo volver a caer encogiéndose sobre sí misma. Durante unos segundos no pudo respirar, sentía las sienes martilleándole y la sangre caliente correrle por la mejilla. Cerró los ojos pero no podía darse por vencida. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, se giró en el suelo y de una patada en la entrepierna de su atacante, logró ganar tiempo para ponerse en pie y salir corriendo de la habitación.
De pronto, cayó al suelo al suelo de bruces. El hombre de negro le había sujetado por las piernas, derribándola. Se arrastró sobre ella hasta quedar cara a cara. Aquellos ojos oscuros tenían un brillo de maldad. Scully forcejeaba bajo el cuerpo que la tenía atrapada pero era demasiado grande y pesado para su diminuta figura.
El tipo la hizo estarse quieta colocando una mano sobre su garganta y apretando levemente.
-¿Dónde está? –le preguntó en un susurro.
La voz sonó grave y ronca, no parecía provenir de un tipo joven y fuerte... aparentemente.
-No… sé… de qué… me habla –logró contestarle con dificultad.
No era la respuesta correcta, así que la presión en la garganta se hizo más fuerte. Scully cerró los ojos.
-La bacteria.
-No… no sé…
-¡No me mienta! Sabemos que la tiene y la queremos.
Más presión. A Scully le costaba respirar de veras y se estaba poniendo colorada. Si el tipo pretendía que hablara lo tenía bastante crudo.
De pronto se oyó un clic. Era la cerradura de la puerta, alguien estaba intentando entrar.
El hombre de negro se puso en alerta.
-Volveré –le susurró amenazadoramente.
Dejó de presionar y se incorporó para desaparecer raudo. En cuanto la dejó libre, Scully se encogió como un bebé y comenzó a toser violentamente. Casi no escuchó el sonido de la puerta al cerrarse.
-¡Scully!
Mulder se arrodilló junto a su compañera con alarmante preocupación. Le apartó el pelo de la cara y apoyó su cabeza con suavidad en su regazo. Scully dejó de toser para dar a paso a una respiración acelerada, realmente le había faltado el aire.
-Lo siento… –susurró Mulder, a la vez que le acariciaba el ensangrentado rostro con una mano, mientras la otra descansaba sobre su vientre para intentar tranquilizarla. -Lo siento, lo siento, lo siento…
Scully cerró los ojos fuertemente y comenzó a llorar.
Aparcamiento subterráneo del edificio del FBI.21:22
Cuando Scully se hubo marchado, él aún se quedó un rato más a terminar papeleo. Lo hacía siempre, nunca tenía prisa por volver a casa. Sin embargo, la visita de Scully le había preocupado más de lo que había dejado entrever. Había algo que no encajaba en la historia que le había contado. Tendría que hablar con Mulder.
Se dirigía con paso seguro hacia su coche cuando una voz, proveniente de detrás de una de las columnas que indicaban el número y color de parking, lo sorprendió.
-¿Haciendo horas extras, Director Adjunto?
Skinner se giró, sabiendo perfectamente a quién pertenecía aquella voz.
-Por lo que veo, usted también. Creía que las ratas no salían de las cloacas hasta medianoche.
Alex Krycek sonrió sin humor.
-¿Qué es lo que quiere, Krycek? –le preguntó Skinner secamente.
-Al parecer, uno de sus problemáticos agentes está en apuros… graves apuros. Oh, esto no sería nada nuevo si se tratase de Mulder ¿verdad? Pero viniendo de la Agente Scully es bastante… desconcertante.
El rostro de Skinner se ensombreció. Podía esperar cualquier cosa viniendo de Krycek y el tono sarcástico confirmaba que tenía algo importante para él. Continuó hablando de igual manera.
-Me temo que su agente favorita no le ha dicho toda la verdad… el porqué de esas amenazas.
Skinner se acercó Krycek y su voz sonó intimidatoria.
-Dígame qué es lo que sabe y cuál es el motivo de que me lo esté contando, aún a riesgo de que le pegue un tiro aquí mismo.
Krycek fingió sopesar aquellas palabras, como si le hubieran hecho efecto. Sin embargo, sabía que la intención de Skinner muy bien podía ser cierta. Decidió dejar la ironía para otro momento e ir al grano. Tenía trabajo que hacer.
-La Agente Scully tiene en su poder una muestra de una bacteria extraterrestre. –Skinner controló su sorpresa al oí eso. Krycek continuó. –Una caja de Pandora que muchos quieren poseer… y ya ha dado comienzo una frenética carrera por conseguirla.
Skinner abrió la boca para decir algo pero Krycek no le dejó hablar.
-El lugar donde se almacenaban muestras por millares ha sido… “limpiado”. Un científico fue asesinado como tapadera y ahora… no queda nada… salvo la muestra de la Agente Scully. –Krycek acercó su rostro al del director adjunto y lo miró fijamente. –Y la quiero.
-¿Por qué me cuenta todo esto?
-Porque quiero que sepa que no soy yo el que está amenazando a Mulder con quitar a Scully de en medio pero… también quiero que sepa… que haré lo que sea necesario para conseguir esa bacteria.
Con gran enfado, Skinner agarró al Krycek por el cuello de la camisa, aprisionándolo contra la columna.
-Como le toque un pelo a Scully, le juro que le meteré una bala entre los ojos, Krycek.
Ambos hombres se miraron fijamente durante unos segundos. Luego, Skinner soltó a Alex muy despacio, y se dispuso a irse.
-Conozco métodos más sutiles de conseguir lo que quiero. –dijo, arreglándose el cuello de la camisa y la chaqueta de cuero negra.
Skinner se volvió una vez más para lanzarle una mirada fulminante; montó en su coche y salió veloz del parking.
Krycek no se movió de donde estaba. Sacó su teléfono móvil y marcó un número.
-No va a funcionar. -dijo a su interlocutor.
Desde algún lugar desconocido, alguien le contestó, tras darle una larga calada a un cigarro. Su voz era sosegada pero rezumaba autoridad.
-No contábamos con que la Agente Scully involucrara a Skinner. Los planes han cambiado.
-No tenemos alternativa. –protestó Krycek.
Otra calada.
-Sí que la tenemos.
Apoyado en la columna como estaba, Krycek escuchaba sus nuevas órdenes. Tras unos segundos, colgó sin despedirse.
Apartamento de Dana Scully. 22:25
Cuando, por fin, Scully se hubo calmado, Mulder la llevó al sofá. Le limpió la sangre con una toalla húmeda y observó su rostro con preocupación. La nariz había empezado a hinchársele y las marcas en el cuello empezaron a pronunciarse.
-Te traeré hielo. –dijo.
Scully pareció no escucharle. Seguía ensimismada y no había articulado palabra. Mulder volvió de la cocina con una pequeña bolsa de hielo y se la tendió a su compañera, quien la cogió sin mucho entusiasmo. Al ponérsela con cuidado sobre la nariz hizo una mueca de dolor pero no emitió ningún sonido. Su mutismo preocupaba mucho más a Mulder que su estado físico.
Se sentó a su lado y la rodeó con su brazo, atrayéndola hacia sí. Durante unos eternos minutos ninguno de los dos habló, pero Mulder ya no aguantaba más.
-¿Pudiste verle? –quiso saber.
Scully se apartó la bolsa de hielo del rostro y asintió.
-Sí. –susurró. –Pero… llevaba… llevaba un pasamontañas.
A Mulder, aquel dato le extrañó, pero siguió preguntando.
-¿Cómo era?
Scully se encogió de hombros.
-Alto… y fuerte. –contestó. Miró a Mulder por primera vez. –Y sus ojos… eran oscuros.
Mulder suspiró, aquello no arreglaba las cosas.
-No debí dejarte sola. –se recriminó.
-Mulder, yo no te pedí…
-No, tú nunca me pides nada. –le cortó Mulder bruscamente. –Ese es el problema. - Scully se removió incómoda y se llevó la bolsa de hielo de nuevo a la nariz, como queriendo ocultarse. –Me dejas al margen demasiadas veces y yo, por respeto hacia ti, lo acepto… pero me gustaría que no fuera así, Scully. Las cosas no hubieran llegado a este punto si no te hubieras encerrado tanto en ti misma y me hubieras dejado…
-¡Qué!. –ahora fue ella la que le interrumpió. Dejó la bolsa de hielo encima de la mesa y se giró hacia Mulder. -Ese hombre tenía un objetivo, Mulder: venía a por la bacteria. Si hubieras estado aquí conmigo, nada hubiera cambiado.
-Hubiera podido evitar que te dieran esa paliza. –fue demasiado cínico al pronunciar la frase y enseguida se arrepintió.
-Oh. –suspiró Scully. Se ocultó el rostro con las manos y comenzó a llorar de nuevo.
A Mulder se le partió el alma verla de aquella manera pero ahora, más que nunca, tenía que mantenerse en sus trece. Se inclinó hacia ella.
-Por una vez, Scully, déjame ayudarte, déjame protegerte. –le dijo con suavidad mientras le acariciaba el cabello. Parecía estar calmándose. –No voy a arriesgarme… a perderte. No podría soportarlo.
Scully se secó los enrojecidos ojos con las manos y miró a su compañero. Su expresión era triste y sus ojos emanaban dolor. Había sido completamente sincero al hablarle y un escalofrío recorrió la columbra vertebral de Scully. Asintió mientras apoyaba la cabeza en su pecho y él la recibía estrechándola entre sus brazos, fuertemente, como si así pudiera protegerla para siempre.
Decidieron que lo mejor sería abandonar la casa pues se había convertido en un lugar poco seguro. Así que, tras tomar Scully una ducha y coger algunos enseres, abandonaron el apartamento.
De camino en el coche Scully se quedó adormilada. La nariz se le había hinchado y también un poco el ojo y la parte izquierda del rostro, pero no se quejaba. Mulder conducía y la miraba, casi continuamente, con preocupación. No tenía ni idea de cuál sería el próximo paso que debían dar, ni cómo poner a salvo a su compañera, ni qué hacer con la muestra de la bacteria, que ahora descansaba en el bolsillo interior de su chaqueta de cuero, pues Scully se negaba a tenerla consigo por más tiempo. Pensó que, después de todo, avisar a Skinner no sería tan mala idea.
Apartamento de Fox Mulder. 23:45
Mulder dejó la bolsa de Scully en su habitación y volvió al salón. Observó a su compañera mientras ésta rebuscaba algo en su bolso y por fin dio con ello. Era una pequeña cápsula. Sin dudar, se dirigió a la cocina y Mulder fue tras ella.
-Scully, qué es eso. -quiso saber mientras veía cómo se llenaba un vaso con agua, y señaló la píldora en su mano.
-Oh… esto… no es nada, benzodiacepina, eso es todo. –se llevó la mano a la boca para tragarse la píldora pero Mulder la detuvo.
-¿Valium?
Scully se encogió de hombros.
-Parecido. –contestó. Hizo un segundo intento de llevarse la pastilla a la boca pero Mulder le seguía sujetando la muñeca. –Qué pasa.
-No puedo dejar que te tomes eso, Scully.
Scully suspiró ruidosamente. Apoyó la píldora y el vaso de agua en la encimera y habló en todo de súplica.
-Mulder, la nariz me palpita de dolor cada vez que respiro, la cara me arde y la cabeza me va a estallar… sólo quiero… dormir un rato. Cerrar los ojos… y esperar que todo esto sea una pesadilla.
-Pero no lo es. –Le habló como quien le habla a un niño para hacerle comprender. -Aquí tampoco estamos seguros al 100%... y si alguien viniera y tuviéramos que hacerle frente… o tuviéramos que salir huyendo… no me serviría de ayuda el hecho de que estuvieras drogada ¿comprendes?
Lo comprendía demasiado bien, por eso tenía ganas de cerrar los ojos y nada más.
Se limitó a asentir en silencio.
-Tomate algo para el dolor pero evita los somníferos.
-Está bien. –susurró resignada, y se dirigió de nuevo al salón a rebuscar en su bolso.
Mulder encendió la tele y empezó a cambiar de canal rápidamente, sin ni siquiera darle tiempo a ver qué era lo que estaban emitiendo.
-Me voy a la cama. –le anunció Scully a sus espaldas. Se giró para mirarla. –Te prometo que no me he tomado nada para dormir.
Aquel comentario hizo sonreír a Mulder un poco. Se acercó a ella y le acarició con mucho cuidado la mejilla derecha, luego pasó sus dedos por las marcas del cuello. Finalmente, le depositó un beso en la frente. Un beso largo y tierno. Scully se dejó hacer.
-Descansa. –le susurró.
-Sí.
Y sin añadir nada más, desapareció por la puerta de la habitación de Mulder.
Se acostó vestida, por si acaso, y dejó las mantas a los pies de la cama. Se tumbó boca arriba y observó el techo distraídamente. Se alegraba de que Mulder hubiera quitado aquel horrible espejo. Cerró los ojos e intentó no pensar en nada… pero le fue imposible. Por su mente pasaban todos los acontecimientos vividos recientemente, como si fuera una película a cámara rápida: las notas, su charla con Skinner… y lo peor de todo, cuando la asaltaron en su casa. Instintivamente se tocó la nariz, la tenía bastante hinchada y dolía horriblemente, pero por lo menos no la tenía rota.
Skinner volvió a sus pensamientos. No le había dicho nada a Mulder, pero con el cariz que estaban tomando las cosas, tal vez debería hacerlo y pronto. Pensando en ello se quedó dormida.
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Mulder se asomó en el umbral de la puerta y observó a Scully mientras dormía. Había adoptado la postura fetal, apoyando el lado bueno de la cara en la almohada y respiraba pausadamente por la boca entreabierta. Sin hacer ruido, Mulder se acercó a la cama y se sentó en ella sigilosamente. Apartó un mechón de cabello cobrizo de la mejilla y contempló aquel hermoso rostro, ahora desfigurado por la hinchazón.
Se reprochaba a sí mismo haber dejado a Scully sola, tendría que haber sido lo bastante autoritario como para no ceder a los deseos de su compañera. Temía tomarse aquellas amenazas en serio y ahora lo estaba pagando. El sentimiento de culpabilidad que sentía era enorme y le carcomía por dentro. Y lo peor de todo era que esto no había hecho más que comenzar. Sabía que Scully no se encontraba a salvo en su casa y tendría que sacarla de ahí, pero antes le concedería unas horas de descanso bien merecidas. Mientras, él se dedicaría a hacer un par de llamadas.
Tan sigilosamente como se había sentado, se puso de pie. Arropó al pequeño cuerpo que yacía en la cama y salió de la habitación cerrando la puerta muy despacio. Se dirigió a la mesa donde había dejado el móvil y justo cuando iba a marcar éste comenzó a sonar. Mulder se sobresaltó un poco.
-Mulder. –contestó secamente.
-¿Está la Agente Scully con usted?. –preguntó la voz de Skinner, saltándose el saludo de rigor.
-Sí, está conmigo.
Mulder percibió un suspiro de alivio al otro lado del hilo telefónico. Se preguntó por qué Skinner le llamaba a la 1 de la madrugada.
-No se separe de ella ni un segundo. –por su tono casi se podría decir que era una orden.
-No pensaba hacerlo. –de repente, Mulder comenzaba a tener una vaga idea del por qué de esa llamada. -Dígame qué es lo que sabe.
-La agente Scully vino a verme… -de pronto, unos golpes en la puerta pusieron en alerta a Mulder.- ¿Agente Mulder?. –apenas oyó la voz de Skinner. -¿Mulder…?
Colgó el móvil y lo volvió a dejar donde estaba. Sin apartar la mirada de la puerta, cogió su pistola del cajón del escritorio, y se acercó a la entrada. Los golpes se hacían más insistentes y Mulder temía que despertaran a Scully. Con mucha cautela giró el pomo y abrió rápidamente apuntando a quien quiera que estuviese al otro lado. La sorpresa asaltó a Mulder, no se hubiera imaginado a aquel visitante nocturno ni en mil años.
-Buenas noches. –dijo Alex Krycek luciendo su mejor sonrisa sarcástica. –Espero no haberte despertado.
La primera reacción de Mulder fue agarrarlo por el cuello de la camisa y meterlo dentro de la casa, cerrando la puerta con su cuerpo.
-Tienes 3 segundos para darme una buena razón de que no te mate aquí mismo. –dijo Mulder tajantemente y apuntándole en la cara.
Dos amenazas de muerte en una sola noche, era un chico con suerte.
-¿Así es como tratas a tus visitas?
-Uno… dos…
-Está bien, de acuerdo, sólo he venido a hablar. –su tono de voz cambió de registro. No había ni atisbo de sarcasmo y parecía convincente.
-¿Qué quieres?
-Si… me soltaras… podríamos hablar mejor ¿te parece?. –Mulder no movió un dedo de la postura que mantenía con respecto a Alex. –No voy armado, regístrame si quieres.
Muy despacio, Mulder le soltó del cuello de la camisa y comenzó a cachearlo de arriba abajo. Aparentemente estaba limpio, pero no se fiaba lo más mínimo de él.
Siguió apuntándole.
-¿Puedo?. –preguntó Krycek señalando el sofá.
-No.
-De acuerdo, seré breve, entonces.
-Será lo mejor.
Ambos hombres se miraron en silencio unos segundos.
-Scully está en peligro. –dijo Alex casi solemnemente. A Mulder le dieron ganas de reír.
-¿Por qué no me cuentas algo que no sepa, Krycek?
-Van a por ella porque posee la última evidencia de vida extraterrestre que queda…
-¿Qué sabes tú de eso?
-Lo sé todo, Mulder. –hizo un gesto con la mano. –Por favor, baja el arma.
Mulder negó en silencio. Krycek suspiró resignado.
-Qué sabes. -volvió a preguntar Mulder, esta vez muy despacio.
-Durante los últimos meses han estado llevando a cabo un proyecto secreto… a partir de una sustancia encontrada en Texas. Dicha sustancia ya sabes lo que es.
-¿Quiénes estaban llevando a cabo el proyecto y con qué propósito?
-La llamada que recibiste no fue casual, Mulder. Tu “fuente de confianza” no era tal, sino que sabía que lo que iba a ocurrir. –le miró fijamente durante unos segundos. –Y también sabía que tú no descansarías hasta conocer la verdad. Todas las muestras de la materia han desaparecido. El proyecto estaba casi acabado… y todo ha desaparecido… excepto la muestra de Scully.
-Quiénes estaban llevando a cabo el proyecto .-repitió Mulder.
Krycek pareció dudar un segundo antes de contestar.
-Te sorprenderías si supieras algunos nombres.
-¿Y qué ha ocurrido? ¿Ahora se dedican a robarse entre ellos?. –su tonó intentó ser irónico pero sin mucho éxito.
-No sabemos quién ha sido. –admitió Krycek algo irritado, tal vez incluso, avergonzado.
Mulder no creía esas palabras pero por otro lado, si no fuera cierto, Alex no se hubiera tomado la molestia de visitarle y, además, advertirle. Inconscientemente, dejó de apuntarle y bajó el brazo lentamente.
-Irán a por Scully en cualquier momento. Saben que tiene una muestra, la última evidencia que queda y la quieren… y yo también. –dio un paso hacia delante y Mulder volvió a apuntarle. –Si me la das, desapareceré tal como he venido… si no… prepárate para salir corriendo cuanto antes porque esa gente cumple sus amenazas, eso te lo aseguro, Mulder, y sé que te han estado amenazando desde hace días…
En ese momento, Scully apareció por la puerta de la habitación, muy seria y con los brazos cruzados en una postura de autoprotección. Ambos hombres giraron la cabeza para mirarla. Había estado oyendo toda la conversación desde el principio, pues los golpes en la puerta la habían despertado.
-Scully… -susurró Mulder.
Pero ésta no le hizo caso. Miraba fijamente a Krycek.
-Vaya, ya veo que te han dejado una tarjeta de visita, Scully –comentó sarcásticamente. –Qué suerte, podría haber sido peor.
-Cállate, Krycek. –le ordenó Mulder secamente.
-Vete de aquí. –le dijo Scully. Ambos no habían apartado las miradas.
-No, si antes no me das la muestra. ¿No lo entiendes? Te dejarán en paz, te perdonarán la vida si descubren que tienes las manos vacías.
Scully se acercó a Krycek sin titubear y le miró fijamente.
-¿Y qué harás tú con ella?. –le preguntó muy despacio. -¿Es que acaso tus motivos son más nobles que los suyos? ¿Acaso vas a hacer un bien a la humanidad? Porque lo dudo mucho, Alex.
Krycek le contestó de igual manera.
-Eso, a ti no te importa. Dámela.
Scully retrocedió y se puso al lado de Mulder.
-No la tengo. –mintió.
La mirada de Krycek se endureció.
-No tengo tiempo para juegos y vosotros tampoco, así que dámela de una vez, Scully.
-Te ha dicho la verdad. –intervino Mulder.
-¿Y por qué me resulta tan difícil de creer?
-Quizás, porque piensas que todo el mundo es como tú, Krycek.
Alex miró a ambos agentes alternativamente. Ninguno se había movido un ápice.
-Estáis cometiendo un error. –sentenció. Seguidamente abrió la puerta y se marchó.
-Dios… -susurró Scully y miró a su compañero. –Qué vamos a hacer ahora, Mulder.
-Tenemos que irnos de aquí. -dejó el arma encima de la mesa y se acercó al teléfono. Scully le seguía con la mirada.
-¿Adónde?. –preguntó desesperada. -Ningún lugar parece seguro.
Pero él parecía no escucharla, estaba atento a la línea telefónica.
-Byers, soy Mulder.
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-¿Lista?. –preguntó, observando a su compañera. Ésta se había puesto una cazadora y sujetaba su pequeña bolsa de viaje con ambas manos.
-Creo que sí. –respondió, resignada.
Mulder le quitó la bolsa y le agarró por el hombro cariñosamente.
-Allí estarás a salvo… al menos por un tiempo.
Scully se limitó a asentir con la cabeza. Ojalá tuviera razón. Ambos se pusieron en marcha.
Sin cruzar palabra alguna, salieron del edificio. La noche era húmeda y oscura. El coche de Mulder estaba aparcado al otro lado de la calle. Al cruzarla, apareció de la nada un todoterreno negro y sin matrícula que se dirigía a toda velocidad hacia ellos. Advirtiendo el peligro, corrieron al coche pero una ráfaga de disparos les impidió alcanzarlo. Scully cayó al suelo.
-¡¡Scully!!. –gritó Mulder al verla caer.
Sacó su pistola y disparó al vehículo en vano, pues éste ya había desaparecido por la desierta calle.
Se arrodilló junto a su compañera con urgencia y le tomó el pulso.
-Aguanta, Scully. –le rogó desesperado, mientras taponaba con sus manos la sangre que salía de la herida en el pecho. –Aguanta, por favor, aguanta…
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